Quien no sepa vivir la Feria de este modo, se está perdiendo lo mejor

Lejos de lo que pueda parecer hoy en día con esto de las rrss, la Feria es más de lo que se ve, mucho más y quien no la sepa vivir de ese modo, se está perdiendo su verdadera esencia.

Aún no han encendido el Real y ya tenemos Feria hasta en la sopa. Cómo ponerte una flor, los mejores looks para el Pescadito ( sí, has leído bien) o Consejos para vivir el mejor día de Feria con las recomendaciones de una chica de Valladolid, son algunas de las temáticas con las que nos topamos a nada que nos acerquemos a un dispositivo electrónico. Y menuda pereza.

Pereza por lo repetitivo del tema y pereza porque están, o estamos, tratando nuestra Feria de tal modo que corremos el riesgo de que pierda su maravillosa esencia.

La Feria no es el place to be en el que todos tienen que estar, tampoco es la foto perfecta de Instagram ni una noche de fiesta tipo rave. La Feria no es una pasarela, como tampoco un reducto de clasismo. La Feria es más de lo que nos hacen ver.

Y hoy, a pocas horas de iniciar unos de los días grandes de nuestra ciudad, me lanzo a escribir sobre ella cansada del manoseo, la comercialización y la monetización a la que la están sometiendo.

La Feria es familia y son amigos, sin más. Si no tienes con quién vivir la Feria, no hay Feria que valga.

En la Feria de Abril los amigos se reciben en sus casetas, en sus casas. A veces son amigos con los que estás a diario, en otras ocasiones la Feria es esa cita anual a la que nunca faltas porque vuestras vidas por tal o cual razón se han alejado, pero si no os veis en Feria, pues no es lo mismo.

Y en tu caseta, agasajas a tus invitados y ríes, cantas, también bailas. Cuando vas de visita, saludas a padres, a tíos y resto de la familia, porque las casetas son familiares, sí, es una casa. Las conversaciones van surgiendo y se van sumando mientras ves la Feria pasar.

La Feria es la primera sevillana de tu hija, la mi madre con sus nietos o la de esa novia recién llegada a la familia a la que todos quieren dar el visto bueno.

Es ver bailar a mis padres: su planta, sus manos. Siguen dejándome embelesada, cada año más. Cómo se miran, cómo se acompañan, cómo se conocen.

Una sevillana bien bailá es un momento de intimidad, de dos, en el que nada se entromete ni nada afecta mientras las miradas y los cuerpos se entrecruzan.

La Feria son recuerdos, de tus primeras Ferias, de los primeros vestigios de libertad adolescente, de primeros amores. También los recuerdos de los que ya no están, sus paseos por el Real, felices y orgullosos, de nietos y de ciudad, el helado al que te invitaban o sus propinas a escondidas para que te montaras en los cacharritos.

La Feria es la cara de velocidad de un niño en los coches locos y las risas a carcajadas de unos padres que vuelven a tener 8 años por un ratito.

Es observar las primeras veces, la radiante felicidad de mis sobrinas siendo conscientes de llevar un traje por primera vez y decirles lo guapísimas que están y las vueltas y vueltas que dan para levantar el vuelo de su traje.

Son los cruces de la cuarta, los enredos del mantón y el clavel que llega a tus manos por casualidad, o no.

La Feria es cómo me miras 25 Ferias después al verme vestida de gitana.

Es tortilla de bacalao, si conoces a los Suárez, no hace falta explicación.

Es su luz: radiante, alegre, colorida y vivaracha. Es su esencia, una mezcla perfecta de tradición y diversión.

La Feria es la máxima expresión del aquí y ahora, del disfrute del instante, de momento presente.

La Feria no es lo que vemos a través de una pantalla y los sevillanos debemos cuidarla, mucho, tenemos esa responsabilidad. Por respeto a los que nos enseñaron a quererla y por deber hacia los que vendrán.

Estos días estoy teniendo la sensación que no se entiende lo que es, sólo lo que parece ser y me da pena porque la Feria no lo merece y quien no entienda la Feria como lo que te he contado, se está perdiendo lo mejor.

Siguiente
TRES60º