Cuando el cine empieza en el libro: Hamnet de Maggie O’Farrell

Esther Ferreiro
Esther Ferreiro es Licenciada en Filología Inglesa y una apasionada de los libros. Afición que desde muy temprana edad le transmitieron sus padres. Ella misma nos desgranó en una entrevista su relación con la literatura: Leer es completamente mi refugio. He leído en los mejores y peores momentos de mi vida. Me ha servido para aprender, para calmar la ansiedad, para entenderme mejor.

Nuestra lectora empedernida predilecta, Esther Ferreiro, nos acompaña como editora invitada para acercarnos con su indiscutible sensibilidad y delicadeza a Hamnet de Maggie O´Farrell pocos días antes de su estreno cinematográfico.

Hay libros que más que leerse, se transitan. Hamnet es uno de ellos. No avanza a golpe de acción ni de giros, sino por acumulación de silencios, de gestos mínimos, de ausencias que pesan más que cualquier presencia. Por eso leerlo antes de ver su adaptación cinematográfica no es una cuestión de fidelidad al romanticismo de la letra escrita; es una cuestión de convertir su visionado en toda una experiencia. Y nadie como Maggie O’Farrell para dotar de sentido a lo ínfimo y volverlo esencial.

La novela construye un vacío. La muerte no se presenta como un clímax, sino como un centro gravitatorio que organiza todo lo demás.

El duelo es casi silencioso, se infiltra en las costuras. Está en la casa, se hace carne en el cuerpo, se cuela en las aristas del matrimonio, en el tiempo narrativo que deja de comportarse como una línea recta. Leer Hamnet es aprender que el dolor no siempre grita; a veces simplemente permanece.

Hamnet será estrenada en cines el próximo 23 de enero

Uno de los grandes logros del libro es convertir la ausencia en materia narrativa. Lo que no está ocupa más espacio que lo que está. Ese hueco no se explica, se vive. El lector lo habita con una lentitud que el cine, por su propia naturaleza, solo puede sugerir. La película mostrará silencios; el libro, en cambio, nos enseña cómo suenan por dentro. 

La lectura del libro convierte el texto en cuerpo. El duelo no es abstracto ni simbólico.

A través de Agnes, el lector es capaz de experimentar todo un archivo emocional: cansancio, intuición, enfermedad, deseo, rechazo. No hace falta describirlo, se siente en palabras. Desde la butaca, el espectador podrá reconocer lo que ya fue vivido entre líneas.

La naturaleza, lejos de ser un decorado bucólico, funciona como un sistema de conocimiento. La prosa de la autora es sensorial, poética sin ser cursi, cargada de metáforas orgánicas. Muchas de las escenas más potentes no son visuales, sino mentales.

Plantas, animales y estaciones ofrecen un lenguaje alternativo al racional, una forma de comprender el mundo que trasciende lo meramente atmosférico. En pantalla esa dimensión solo gana fuerza si ya va cargada de significado. 

Y luego está la escritura.

O’Farrell plantea una idea incómoda y hermosa: el arte no cura el dolor, pero lo transforma.

La literatura no consuela, pero da forma. Leer la novela antes de ver la película permite captar esa transmutación en su estado más íntimo, antes de que se convierta en escena. 

Ver la película sin haber leído el libro es asistir a una historia. Leer el libro antes es llegar al cine con un mapa emocional ya trazado. No para anticipar, sino para reconocer. Porque Hamnet no compite consigo mismo en distintos formatos: dialoga.

Primero el latido, luego la imagen. 

Hamnet es una obra publicada por Libros del Asteroide

Hablamos con Esther de su amor por los libros en esta entrevista.