Una declaración de intenciones

En una de las últimas newsletter te contaba que había empezado a notar ciertos cambios en mis motivaciones y proyectos. Me notaba más enfocada, más decidida, con menos miedo.

De todo esto, en concreto en su aplicación a Protea Estudio, es sobre lo que escribo en este editorial y te cuento por qué.

Creo que debo ponerte en antecedentes porque lo que para mí es evidente y una historia sobradamente conocida, seguro que para ti no y en realidad, estos hechos son el germen de esta publicación, de Protea Estudio.

Llevo escribiendo desde que tengo uso de razón. Recuerdo cuentos o poemas cuando era niña, incluso un intento de revista en el colegio. En mi adolescencia me entregué de lleno a los diarios y ya nunca los abandoné. La escritura me servía para ordenar ideas, para liberar espacio mental, para reflexionar o, simplemente, para lamentar mi suerte.

En aquella época quería estudiar Historia del Arte (estudios que he iniciado este curso por fin) pero terminé en Derecho. El Derecho teórico me gustaba, no lo voy a negar pero su ejercicio no y entre togas y sentencias, descubrí en los blogs una vía de escape en el que compartir contenidos con personas que tenían los mismos intereses que yo.

La época de los blogs no era como la actual, no se hablaba de engagement o de contenidos virales, esos términos ni existían. Escribíamos y compartíamos por el mero placer de hacerlo. Era muy orgánico, como dirían ahora.

La gente que sabía que estabas escribiendo un blog te hacía mil preguntas al respecto, no entendía nada. Pero la mayoría, desconocían estas facetas nuestras. Eran bastante anónimas.

Recuerdo que en el primer artículo que se escribió en España sobre este fenómeno, en Marie Claire, contaron conmigo junto a otros bloggers del momento y empecé a recibir llamadas de amigas que se habían quedado de piedra al verme entre las páginas de la revista.

Entonces el fenómeno empezó a crecer y se hacían cosas muy interesantes, muy libres y desde la inocencia porque todo era absolutamente novedoso y no intuíamos el rumbo que iba a tomar.

Fueron años muy bonitos, de mucho aprendizaje y oportunidades. Todo esto lo compatibilizaba con el ejercicio del Derecho e incluso con un proyecto empresarial de una marca de ropa.

Entonces me convertí en madre y todo cambió.

La maternidad me dio una sacudida de magnitudes inimaginables. Necesitaba estar al 100% con mi hijo, mi instinto maternal se hizo tan fuerte que todo lo que no fuera mi familia sobraba.

Quizás, en esta decisión hubo también una dosis de agotamiento porque lo cierto es que los años previos a la maternidad fueron muy intensos en los que trabajaba muchísimas horas al día con mis tres frentes laborales en ebullición.

Siento y actúo, así soy yo. Sentía que debía parar y paré, así de sencillo.

Sé que perdí muchos trenes con esa decisión, tanto con el blog, como con mi marca y con el derecho.

En aquella época estaba en una buenísima estación en cada una de esas facetas, pero simplemente, no me apetecía viajar.

Los primeros años de maternidad fueron tremendamente bonitos y duros a la vez. Los disfruté y los viví plenamente. Mis hijos eran el motor de mi día a día y estaba feliz.

Luego llegó un momento en el que mi cabeza, inquieta por naturaleza, comenzó a demandar otro camino. Mis intereses, fueran los habituales o nuevos, comenzaron a aflorar y mis hijos iban creciendo, no necesitaban mi presencia 24/7.

Intenté tomar algunos caminos pero no terminaba de sentirme cómoda en ellos. Faltaban piezas, no me identificaba con ellos o sabía darles su espacio. No encontraba mi lugar y estaba perdida.

Entonces la idea de Protea Estudio comenzó a fraguarse y en febrero de 2024 publiqué su primer número.

Protea era una evolución de lo que me lleva motivando desde 2008, compartir contenidos. Pero no desde un punto de vista personal, ni se me pasaba por la cabeza influencizarme.

Quería compartir contenidos de otra manera y con los que además, ofreciera al lector algo que fuese más allá de simple información. Una manera de enriquecer lo cotidiano, otra manera de mirar.

Han pasado ya dos años, cualquiera diría que ya he tenido tiempo de sobra para enfocarme en este proyecto y no les falta razón. Pero no ha sido así.

Mi compromiso con Protea siempre ha sido decidido pero no constante ¿Por qué? Poco a poco he ido encontrando respuestas.

De un lado, mi faceta maternal. Me ha costado años empezar a soltar el control del 100% de mis hijos y mi casa. Anteponía estos dos aspectos a todo lo demás, el no hacerlo me hacía sentir que era una mala madre y, en consecuencia, todo pasaba a un segundo plano. La maternidad pesa.

De otro, mi relación de amor-odio con Instagram. Protea Estudio nace para todo lo contrario que hace Instagram y paradójicamente, el modo más efectivo para dar a conocer esta web es justamente esa red social.

La culpa y la incongruencia no eran buenas compañeras para afrontar este proyecto.

De ahí mi falta de continuidad desde sus inicios y no son excusas, es un análisis de la realidad. Soy una persona que necesita alinear lo que hace con lo que piensa, si no es así, no funciono y estos últimos años todo estaba de cualquier forma menos alineado.

Pero algo ha cambiado. He comenzado a apreciar que voy soltando cuerda en mi faceta maternal y no me fustigo por ello. Noto que ya no veo Instagram como una finalidad, es un medio y no va a determinar el rumbo de este proyecto.

Y no sólo es que lo note, es que algo ha hecho clic en mi interior.

El foco se ha intensificado, el reto ya no me asusta, las ganas crecen, las ideas fluyen sin parar y mi nivel de compromiso aumenta cada día.

Ahora llevo este recorrido y reflexión personal a Protea Estudio porque estoy convencida que el mensaje y el fondo de esta web te resonarán:

En Protea queremos desgranar contenidos interesantes para que puedas disfrutarlos con tranquilidad, a tu ritmo, sin imposiciones, sin que un algoritmo alija qué debes o no leer.

Queremos que cuando te detengas en nuestros artículos, sea una inversión de tu tiempo por mero placer, aprendizaje o crecimiento.

¿Por qué conformarnos sólo con un titular? Adentrémonos y enriquezcámonos.

En Protea hay espacio para arte, moda, cultura, entrevistas, belleza, cine, reflexiones… Temas tratados desde el disfrute, la calma y el criterio.

Abandonemos la línea de puntos que nos marcan para que comenzar a seguir nuestros propios caminos. Tú eliges cuándo, tu eliges cómo.

Queremos crear un espacio en el que desconectar sin automatizar. Informarte sin abrumarte.

Un espacio en el que recuperes el placer de leer. Ya sea un artículo, una recomendación, una entrevista. Leer para formar tu propia opinión, tu propia voz, sin imposiciones ni prejuicios.

En Protea Estudio queremos que conectes contigo mismo, con aquello que te mueve, con tus ganas de crecer y evolucionar.

Queremos que seas parte activa, no un mero espectador de aquello que otros nos quieren enseñar.

Por eso, escribimos…

Sobre belleza, en todas sus formas. Porque la belleza ayuda a reconciliarse con el mundo, porque la sensibilidad que despierta es ya de por sí reconfortante. Por ejemplo, la Alta Costura con la maestría y artesanía que conlleva o la que surge de las sencillas rutinas de nuestro día a día, como poner una mesa.

Por eso, entrevistamos a personas que por sus vivencias personales, trabajos o intereses tienen mucho que aportar y ello, nos enriquece.

A veces tenemos la suerte de contar con Editores Invitados que generosamente aportan su particular punto de vista y nos sumergen en sus mundos.

Por eso nos gusta recomendar cine clásico, una oda a la sencillez y la presencia plena, ¿Cómo suena el cine clásico? Otra belleza.

Así, como desgranar obras de arte, para observarlas con atención y profundidad, adentrarnos en ella y extraer su valor.

Nos gusta fomentar la curiosidad y acrecentarla, ya sea en niños o mayores.

Desde el autocuidado y no desde la exigencia, escribimos de productos de belleza. Al igual que planes, exposiciones o presentaciones, no por estar sino por crecer.

Y reflexionamos, divagamos, soñamos, nos concienciamos, homenajeamos.

Portea Estudio es una canal para expresar inquietudes, para comprometerse a vivir con atención y no pasar de puntillas por lo que sucede, por lo que nos sucede.

¿ Te quedas ? Estás invitado siempre que lo desees…