Jade es el nombre que recibe la colección con la que Silvana Armani debuta en la Alta Costura de París. Creaciones con un claro espíritu de continuidad que denotan armonía, feminidad y sofisticación. No ha podido rendir mejor homenaje a Giorgio.
Silvana Armani acaba de debutar en París con Jade, la que ha sido la primera colección de Alta Costura sin su fundador y en la que deja constancia del camino que tiene trazado para la casa italiana. Seguramente el mismo que hubiera elegido el propio Armani.
Quizás, hay quien hubiera esperado un cambio de rumbo pero siendo la diseñadora parte de la marca desde hace más de 40 años y además, parte activa de la misma, sinceramente era una opción, cuanto menos, poco probable.
Pero una continuidad no tiene por qué implicar repetición o aburrimiento. Sensaciones que sí se aprecia cuando una marca carece de personalidad y estilo propio. No es el caso de Armani.
En Jade, la continuidad es un acto de coherencia y profundo respeto.
Se inicia el desfile, las modelos van recorriendo un elegante Palazzo Armani a paso lento, al más puro estilo de los salones de moda clásicos. Es lo que esta colección requiere, no es una colección para prisas y salidas galopantes. Es una colección serena y pulcra que requiere su tiempo de admiración.

Jade está cuajada de chaquetas, con corbatas o con lazadas, de impolutos pantalones que son seña de identidad de la marca, de vestidos líquidos y verticales, así como numerosos detalles orientales.
Las siluetas tan pronto se marcan como se liberan, los hombros se dejan al descubierto o se ocultan tras impolutos cuellos a la caja.
Y todo brilla, el raso, las sedas, los satenes, las pedrerías…De una manera elegante y refinada, como si de una fantasía se tratase.
Las tonalidades que protagonizan la colección son la de la piedra que le da nombre. Así los verdes, rosados y blancos contrastan con el negro más riguroso.









Exquisita
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