¿Y si esta primavera no sólo florecen las flores?

Florecieron los almendros y las mimosas. Floreció el azahar, las glicinas y la falsa caoba. La naturaleza está en su punto álgido, todo más vivo que nunca, más presente. Me pregunto ¿Por qué no hacemos nosotros lo mismo? ¿Y si esta primavera no sólo florecen las flores?

Hace semanas que la primavera empezó a hacer acto de presencia. Primero de un modo sutil, ganaba minutos de sol cada día. Las hojas, más verdes que nunca, pasaron de un tamaño minúsculo a cubrir árboles por completo y las temperaturas se fueron tornando cada día más cálidas. Y llegó, para quedarse. Y nos cambió el semblante porque si algo tiene esta estación es la capacidad de cambiarnos la expresión.

Esta capacidad de cambio, merece una reflexión ¿Si consigue cambiarnos la expresión por qué no dejar que también nos cambie por dentro?

No sé si será por el rango de edad en el que me encuentro y con el que me relaciono o es algo generalizado en la sociedad actual pero noto que todos tenemos muchos temas pendientes. No me refiero a coladas o lista de la compra, me refiero a cosas que nos gustaría hacer y nunca terminamos haciendo.

Hay quien quiere leer más, otros iniciar un estilo de vida más saludable o volver a estudiar. Los hay que quieren ganar presencia en su día a día, dar un repaso a sus casas para que resulten más acogedoras, quedar más con sus amigos o dejarse llevar menos por los ritmos sociales. Intenciones hay miles y variadas como miles y variadas somos las personas.

¿Qué es lo que nos frena? ¿Por qué tenemos esas listas de pendientes interminables? Quizás la primavera sea el momento indicado para cambiar de rumbo, para florecer, exactamente como hacen las flores.

El tiempo y las obligaciones es lo que nos frena. Sí, lo sé. Pero creo que también hay una buena parte de falta de intencionalidad y foco.

Nos dejamos arrastrar por el día a día y cuando paramos, nos enchufamos a una pantalla. El agotamiento nos gana la partida y consigue que no nos paremos a pensar si lo que estamos haciendo nos lleva al lugar en el que nos gustaría estar en un tiempo.

Si te sientes identificada con esto que te cuento, te propongo un ejercicio:

En primer lugar tengamos muy claro que no es para añadir más tareas o expectativas a nuestras vidas. No se trata de tengo que, se trata de quiero que.

Quitarnos la losa de los debo o debería es esencial porque este florecimiento trata de querer hacerlo, por placer, por reto o por gusto.

Este ejercicio no va de encajar en lo que ahora nos dicen que tenemos que ser o hacer.

Levantarse a las cinco de la mañana, beber un té matcha, escribir, hacer ejercicio…. y llegar al trabajo con ganas de meterte nuevo en la cama no es el objetivo.

Este ejercicio va más allá, va de descubrir qué nos estamos dejando en el tintero de nuestra vida sin que sea nuestra intención.

Tampoco deberíamos tener en cuenta aspectos relacionados con lo material o con el aspecto físico. No vamos por ese camino, vamos a nuestro ser, nos dirigimos a nosotros mismos, a aquella persona y a esa vida que queremos vivir y de la que nos alejamos sin ser conscientes de ello.

Una vez quitadas las losas varias, busca serenidad y aléjate de distracciones, ya sea en el silencio de la noche cuando todos se han ido a dormir, en un parque escuchando los pájaros, en la orilla del mar si tienes esa suerte, un lugar tranquilo que te asegure concentración.

Papel y lápiz, comienza a escribir aquello que te sale de dentro.

¿Qué estás dejando en el tintero? ¿Qué quieres hacer y no haces? ¿ Cómo quieres vivir? ¿ Dónde te gustaría estar dentro de un tiempo? ¿Cuál es tu intención o motor en la vida?

Escribe sin orden ni concierto, ideas, apuntes, listas, subraya, usa flechas, remarca…Una tormenta de ideas, sensaciones, sentimientos o ausencias con lo que llevamos dentro. Aquello que deja siempre la luz encendida -Sigo aquí, no te olvides de mí- nos repiten cada cierto tiempo.

Luego organiza y da forma a todo lo que ha salido previamente a bocajarro. Habrá aspectos que estén relacionados con tu bienestar, otros con crecimiento y sólo te conciernan a ti. Algunos serán familiares u organizativos, otros serán sueños por cumplir… Cada cual tendrá sus bloques y sus propios intereses.

Ahora que tenemos más o menos claro y analizado lo que estamos dejando de hacer, tocaría reflexionar ¿Qué puedo hacer para recalcular mi camino? ¿Cómo puedo encajar todo esto en mi día a día?

Desde luego es una tarea muy difícil. Para dejar entrar, hay que dejar salir. Nuestras vidas no cambiarán si no cambian nuestras acciones. Eso es así. Un cambio necesita renuncias o al menos, reajustes de tiempos propios o familiares.

El sólo hecho de haber hecho este ejercicio de introspección ya es un gran paso porque hemos analizado qué estamos dejando por el camino y ahora lo sabemos con certeza, ya no es sólo un ruido de fondo.

Siguiente paso, trazar nuestro propio plan para llevar estas acciones a cabo.

Sería importante recordarnos que todo a la vez no se puede pero poco a poco sí, por eso prioricemos

¿Qué es lo primero que quiero incorporar a mi vida? ¿Qué pequeñas acciones en mi día a día me acercan a ello? Luego, cuando vayamos ganando confianza y foco, podemos ir a aumentando la intensidad de esas acciones.

Todo a la vez y a gran escala nos agotará y nos hará volver al punto en el que estamos. Vayamos poco a poco, como la primavera. Vayamos trazando nuestra vida.

Habrá muchas cosas que no podamos cambiar aunque queramos, circunstancias inamovibles e incluso adversas. Eso no depende de nosotros pero sí podemos cambiar la actitud con la que las vivimos y para ello creo que es esencial vivir con propósito.

Intentemos tender a él, siendo consciente de nuestras acciones, sin machacarnos, sin autoexigencias y sin expectativas propias o ajenas.

Busquemos la tendencia a nuestra mejor versión por crecer, por florecer, por vivir con plenitud haciendo uso de nuestras propias herramientas, las que ya tenemos en nuestro interior sólo que no las sacamos a trabajar.

¿Te atreves a florecer como las flores o nos quedamos en un eterno letargo?