Llegó mayo y con él, el tan esperado estreno de la secuela de El Diablo Viste de Prada. ¿Corriste al cine? ¿La visionaste? ¿Satisfecha? Es el estreno de la temporada quieran o no.
Después de meses de espera y semanas evitando spoliers, trailers y filtraciones varias, el pasado sábado arrastré a mi marido al cine con la idea de ver la segunda entrega de El Diablo Viste de Prada. Ante mi sorpresa, no opuso demasiada resistencia, quizás tenerla como «ruido de fondo» estos últimos 20 años haya conseguido que se sienta cómodo ante la presencia de mis queridas Andy y Miranda.
¿ La disfrutó? No creo que tanto como yo y ni por asomo como hubiera hecho con Gladiator pero sí, diría que sí. La disfrutamos ambos y salimos del cine con la sensación de haber invertido bien nuestro tiempo y el dinero de las entradas, exactamente el objetivo cuando pisas una sala de cine.

Anécdota familiar aparte, te diré que me sorprendió, para bien, mucho, que la disfruté y que considero han sabido estar a la altura de la primera entrega. Esa que es todo un referente en la cultura pop, especialmente en el ámbito de la moda reciente y a la que ya de por sí sería bastante complicado igualar.
En Protea ya hablamos de la primera película, de sus puntos fuertes y de sobradas razones para verla, una y otra vez y ahora le toca el turno a la segunda parte.

ANTES DE SEGUIR LEYENDO:
No voy a contarte el argumento pero sí daré algunas opiniones que pudieran condicionarte su visionado, así que si tienes pendiente tu plan de cine, guarda y vuelve a este artículo cuando la hayas visto y me cuentas, me encantará compartir opiniones.
Aquello que no convence…
La actitud de Miranda en los primeros encuentros con Andy, roza la caricatura, no convence, no es ella, ni si quiera parece Maryl Streep. Miranda se hubiera acordado de aquella ayudante que la dejó plantada en plena Semana de la Moda de París, seguro. Ese olvido ( o no) la acerca más a una señora senil que a la implacable y visionaria directora de Runway.
El delirio de grandeza que se marca Emily en la terraza de la mansión de su novio. Emily querría dirigir Runway pero no una portada.
Estos dos puntos podrían ser nimiedades pero me molestan especialmente porque hacen que la película abandone su consideración de sátira primigenia para quizás introducirse en la comedia.
La manera tan sencilla de resolver el enredo final, tirando de talonario, sí, como tantas otras cosas en la vida pero quizás le hubiera venido bien un poco más de profundidad a esa trama.
Una historia de amor que resulta metida con calzador, quizás un reencuentro hubiese funcionado mejor y no resultaría tan impostado, falta conexión, faltan chispas.
La actuación musical de una estrella internacional, otra vuelta de tuerca algo forzada, quizás goza de demasiados minutos de protagonismo y rompe el ritmo de la película aunque miestras tanto haya una explosión fashionista.
Los looks de Andy en Milán…Ummm, no sé, demasiado brillo, demasiado glam. Ella viene del «periodismo serio», en Milán se vino muy arriba. Infinitamente mejor sus looks de oficina, esos sí.
El despacho de Miranda, la lámpara del escritorio, las sillas…Ha perdido clase ¿igual que ella?

Aquello que sí convence…
Volver a reencontrarte con Miranda, Andy, Emily y Nigel 20 años después sea como sea. Ya me gustaría reencontrarme con otros protagonistas de películas icónicas y saber qué ha sido de ellos. Sólo por esto ya es un sí rotundo.
Salir complacido del cine, ya sabemos que segundas partes nunca fueron buenas, en este caso es sobradamente satisfactoria, así que ni tan tal.
La química tan genial que hay entre todo el elenco. Miranda y Nigel, Nigel y Andy, Andy y Emily. Todo fluye.
Los continuos guiños y escenas que reviven la primera entrega; el puesto callejero con los cinturones cerúleos, el brindis por los trabajos que pagan alquileres, el chaleco azul de Andy, un nuevo paseo por el armario de Runway…
La forma en la que la película muestra el cambio tan grande que ha sufrido el mundo editorial en 20 años. Tan demoledora como genial la explicación de Nigel a Andy sobre la misma, enciende la nostalgia.
Los looks de Miranda, todos y cada uno, sensacionales y firmados por Molly Rogers.
La frase «tú eres una vendedora, no una visionaria» me fascina.
La ambientación, la fotografía, las nuevas oficinas, Milán… Todo lo que se ve o en todo lugar en el que estén es altamente estético y por tanto grato, muy grato para la vista.
La vulnerabilidad real, no impostada como en otras escenas que ya hemos comentado, que Miranda muestra en una escena con su pareja me parece reseñable ¿ y si…? Hasta las personas más implacables tienen dudas, así es la vida.
Las nuevas incorporaciones ( o casi), me he quedado con ganas de saber más de Amari por ejemplo, ella sí que parece la asistente definitiva de Miranda ¿la dejaría escapar después de un año?
Al igual que en la primera entrega, su banda sonora.
¿Ya la viste? ¿ Qué te pareció? ¿Más puntos a favor o en contra?
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