Quedan días aún para estrenar verano pero ya podemos sentirlo, casi lo rozamos con la punta de los dedos. Disfrutemos de este exquisito preludio, junio es un mes de esos que quitan años y llenan el alma.
Amanece y el piar de los pájaros se cuela en tu habitación. Has dormido con la ventana abierta y sientes el frescor mañanero que te invita a despertar, te reactiva, lo agradeces. Te vistes, todo es novedoso, has cambiado la temporada en tu armario y aunque ese vestido lleve 15 años en él sientes que estrenas. Te has quitado capas y también años porque en esta época vuelves a notar la emoción que aparecía cuando eras niño y adolescente, esa promesa de libertad, la ilusión de lo que está por venir. Bendita sensación.
La conexión con la naturaleza y la vida se intensifican; sientes el sol en los hombros, vuelves a escuchar el mar o pruebas el primer melón de la temporada. Los sentidos están a flor de piel y disfrutas de ello casi como si fuese la primera vez.
En junio la luz es más dorada de lo habitual y los atardeceres se tiñen de rosas y morados, a veces da la impresión de haberte colado en un cuadro impresionista, menudo espectáculo de la naturaleza.
Este mes es como un regalo, una sensación detrás de otra para recordarte que estás. Aquí y ahora.
Junio también es el mes del casi, seguimos metidos en rutina pero sabemos lo que llega, lo que está a la vuelta de la esquina y disfrutamos del hecho de tenerlo a mano. Casi es verano, casi estás de vacaciones, casi dejas de madrugar…
Además, algo curioso ocurre con los recuerdos en esta época del año, aparecen sin ser llamados y te invaden de una especie de nostalgia esperanzadora, si me permites la contradicción, ¿y si vuelvo a sentir así?
Me gusta junio. A decir verdad gustar es un verbo que se queda corto, adorar, idolatrar o amar serían más adecuados.
Adoro este mes y todo lo que nos ofrece, sea en nuestro interior o en lo que nos rodea. Junio es un tesoro.
Una lista de pequeños placeres de junio:
- Miras el reloj, es de día y son las 10 de la noche. Se acerca el día más largo del año.
- La primera zambullida en el mar o la piscina. Esa sensación de sumergirte es revitalizadora.
- Las meriendas con frutas de temporada. Picotas, melón, sandía…Menuda delicia.
- Las alfombras moradas de las jacarandas ahora se tiñen de amarillo tipuana.
- El frescor del inicio y del final del día.
- Música en directo, temporada de conciertos. Cantar a pleno pulmón y bailar como si no hubiera un mañana debería estar prescrito médicamente.
- Al igual que las cenas con amigos que se alargan bajo la noche con esas charlas que van de lo más trivial a lo más profundo.
- El café deja de humear y lo tomamos con hielo.
- Empiezas a intuir cuál será tu canción del verano favorita.
- Los magnolios están en flor. Un espectáculo visual y aromático.




