Una obra que desprende alegría de vivir, belleza y conexión. El almuerzo de los remeros nos ha parecido una pintura estupenda para inaugurar septiembre, época de reencuentros y de energías renovadas. La desgranamos en 10 claves.
- El almuerzo de los remeros es una obra impresionista de 1881 que mide 129,5 x 172 centímetros y pertenece a la Colección Phillips ubicada en Washington D.C.
- Plasma una reunión de amigos en una terraza y escenifica como pocas obras la alegría, la vida. Hedonismo en estado puro. Es una obra que casi pudiera oírse, una obra viva. Este motivo, la alegría de vivir es un tema central para Renoir, tanto es así que podríamos calificarlo como un impresionista hedonista.
- Está localizada en la terraza de la Maison Fournaise, una posada a orillas del Sena a las afueras de París en la que Renoir y su grupo de amigos se reunían con frecuencia. Allí alquilaban botes para remar, se servían típicas comidas francesas y se organizaban bailes. Es una edificación que todavía está en pie, frente la Île de Chatou.
- Es una obra en la que aparecen rostros conocidos y amigos del pintor: el pintor Caillebotte, sentado en primer plano, Aline Charigot, quien posteriormente se convertiría en esposa de Renoir, el barón Barbier o la actriz Angèle Legaut.
- La luz de esta pintura es excepcional, mágica. Se filtra a través de un toldo (ma-ra-vi-lla) y reposa en los personajes de una manera tan realista y tan viva que parece que vaya a empezar a moverse y tintinear motivado por la brisa del río.
- Esta obra es como una matrioska. En ella podemos observar la maravillosa escena coloquial que representa pero también un extraordinario bodegón sobre la mesa a base de vinos, uvas y restos de comida. Así como diferentes retratos llenos de vida de los personajes pintados.
- Detrás del aparente desorden de esta terraza, Renoir diseña un engranaje perfecto, miradas cruzadas entre los personajes, algunas coquetas, otras abstraídas o sumergidas en conversación y una disposición en diagonal de la barandilla que organiza la escena.
- Los trazos de esta obra son delicados y largos, con ellos consigue esa característica sensación de movimiento y vida que tan bien define la obra de Renoir.
- El almuerzo de los remeros de Renoir es una obra que destaca por su paleta de color vitalista y alegre. El azul y las tonalidades verdes tienen el protagonismo, sin embargo, aparecen pinceladas rojas (la tan manida expresión «rojo inesperado») que aportan fuerza y un extra de luminosidad como si todavía fuera posible.
- Renoir fue un impresionista centrado en la figura humana, algo no tan frecuente entre sus coetáneos que tendían hacia el medio natural. Esta obra y Baile en el Moulin de la Galette son la máxima expresión de Renoir: gente disfrutando de la vida, sin más pretensiones.



