¿ Por qué limitarse a vivir sólo 30 días al año?

La vuelta a la rutina ya es una realidad. Agosto acabó y el verano también aunque meteorológicamente todavía nos acompañe hasta bien entrado octubre.

Reflexionando sobre este inicio de la monotonía, un pensamiento no se separa de mí ¿ por qué limitarnos a vivir sólo 30 días al año?

Deseamos tanto la llegada de las vacaciones por una razón, la libertad. No tener que cumplir horarios impuestos, dejar de correr de un lado para otro, las prisas e infinitas listas de tareas desaparecen.

Frente a las obligaciones: el verano. El estío nos libera y hace aparecer la flexibilidad en nuestras vidas. 30 días de asueto, 30 días de desconexión, 30 días para ser realmente tú.

Y ahora que ha terminado, lo añoramos aunque todavía tengamos sus signos anclados visiblemente a nuestro cuerpo.

El bronceado en la piel, los kilos de más o las mechas rubias en el cabello dan buena muestra que recién acabó y aún así, parece que hace una eternidad de la despedida.

Depresión posvacacional lo llaman. Normal sufrirla ¿Cómo va a sentirse nuestro cuerpo si no es desesperanzado cuando tenemos que volver a meterlo dentro de una horma que no es la suya?

¿Pero por qué limitarnos a ser nosotros sólo 30 días al año? ¿Por qué dejar pasar días, semanas y meses para vivir como queremos vivir?

Evidentemente hay cosas que son innegociables, aros por los que hay que pasar por mucho que nos pesen. Hay que trabajar para pagar facturas y los niños deben estar escolarizados. Hay que hacer malabares para que la vida familiar cuadre.

Pero aún así, como todo en la vida, hay escalas, hay elecciones.

Siempre tenemos la posibilidad de soltar, de no echar todo el peso sobre nuestras espaldas.

Puedes elegir trabajar para vivir lo mejor posible o que el trabajo te quite la vida, puedes elegir hacer una yincana cada tarde para completar el más elaborado circuito de extraescolares o bajar los niveles de exigencia y excelencia. No necesariamente más es mejor.

Elegir vivir desde la obligación o desde el disfrute, desde la ausencia o la presencia, desde los hago o los me gustaría hacer.

Elecciones, renuncias y sacrificios

Quizás optar por un término medio sea la clave.

Un término medio que no nos lleve al límite y nos haga soñar con las vacaciones de verano en pleno mes de octubre.

Imagina elegir vivir todo el año con pequeñas dosis de lo que te aportan las vacaciones ¿Las añoraríamos tanto? Creo que no.

Sería un verdadero éxito vital conseguir estar tan a gusto en nuestro día a día que las vacaciones no sean una necesidad vital, sino una mejora.

Esta vuelta a la rutina elijo esto que te cuento. Elijo exigir menos a mi vida, elijo descartar y priorizar, elijo invertir sabiamente mis esfuerzos y vivir cada día un poquito como si fuera verano.

Elijo hacer planes con mi familia que rompan la monotonía y aporte ilusión, elijo seguir leyendo como leo en vacaciones, elijo disfrutar de algún que otro café lento durante la semana, elijo escuchar la naturaleza, sus sonidos me dan vida, elijo estar con personas que hacen mi vida un lugar mejor, elijo bajar revoluciones y quitarme pesos que ahora no puedo asumir.

Elijo todo esto y otras muchas cosas porque no quiero vivir de expectativas, quiero vivir de realidades.

A este nuevo año pido que la rutina no engulla mi vida y tome el control. Es un propósito en firme, un objetivo absoluto. La vida sucede hoy y sucede ahora no el próximo agosto.

Cuestión de Tiempo
La parte más personal de Protea Estudio, casi como recibir una carta en tu buzón.