Infoxicados

La palabra infoxicación aún no se encuentra reconocida por la RAE pero tal y como están las cosas, no creo que tarden en hacerlo.

Este neologismo hace referencia a una sobrecarga de noticias. Un nuevo vocablo para referenciar una realidad que cada día perciben más personas: el exceso informativo. Ojalá sólo quedara en percepción pero no, diría que ya vamos camino de dolencia.

Te levantas ¿qué es lo primero que haces?, ¿leer el periódico?, ¿poner las noticias?, ¿coger el móvil? En mi caso es la radio, siempre he sido muy radiofónica (herencia paterna) y empieza el bombardeo. A veces literal, otras figurado y últimamente, premonitorio.

Estoy esperando a que el café suba, todavía no he tocado el teléfono y ya he recibido varios impactos informativos que me preocupan o enfadan, que me ponen en alerta.

Desde hace un tiempo, me obligo a no coger el móvil ni a última ni a primera hora de mis días, tengo aproximadamente una ventana de 11 horas sin el aparato y pocas me parecen.

En cuanto desbloqueo el teléfono, empiezan a aparecer nuevas informaciones en forma de mensajes o de grupos de whatsapp: noticias de la familia, de una amiga, de la compañía de teléfono, de una cadena comercial, de la temperatura, del colegio de mis hijos…

Aún no me he salido de casa y mi contacto con el mundo exterior ya resulta abrumador y la lista de tareas que ello lleva asociado también.

Luego enciendes el ordenador y abres tus nuevos correos. Al igual que los mensajes, se trata de asuntos de distinta índole que sigues echándote a la espalda e incrementan tu lista de pendientes.

Tu día avanza, cosas por aquí, cosas por allá y a lo largo de la mañana encuentras un ratito para un café. Por fin una pausa, entonces decides entrar en alguna red social (spolier: error) y ¡zas! Empieza el festival del bombardeo informativo: una noticia, otra, más, estímulos, cosas, más cosas, te vendo, te recomiendo, te asusto, te irrito, te molesto….

He leído últimamente en alguna parte que el algoritmo muestra predilección por temas polémicos porque, al parecer, son los que consiguen retener nuestra atención más tiempo. Si no quieres café, toma dos tazas.

En un arranque de amor propio y cansada de sentirme asfixiada por el panorama, empecé a marcar publicaciones para el algoritmo como «no me interesa» y ahora sólo me recomienda fotos de labradores color chocolate.

Definitivamente mis nervios han salido ganando.

Este exceso de información resulta agotador, es abrumador. Pero estoy segura que no hace falta que te lo diga porque ya lo tienes perfectamente identificado y lo sufres a diario.

Echo de menos la época en la que con cerrar la puerta de casa o apagar la televisión los problemas quedaban fuera. No se resolvían pero se agazapaban hasta el día siguiente. Ahora nos los llevamos a la cama e incluso son nuestro despertador y así no se puede vivir.

Acarrear con las penas, indignaciones o incluso las alegrías, sean propias, de tu familia, amigos, conocidos y miles de desconocidos (a lo que creemos conocer pero no) es insano y es justo lo que estamos haciendo.

La hipercomunicación ha metido en casa cuestiones que en realidad nada tienen que ver con nosotros y que nada aportan a nuestro bienestar.

Con esta afirmación no me refiero que debamos vivir aislados en un mundo de color de rosa. No, no van por ahí los tiros. Hay que estar informado, hay que saber en qué mundo vivimos, hay que tener criterio y capacidad de raciocinio y acción. Pero con mesura.

La cuestión es que la información que recibimos hoy en día por los múltiples canales a los que estamos sometidos amplifica de tal manera su radio de acción que llegamos a preocuparos por un gatito de Finlandia. Así que nuestro bienestar emocional queda absolutamente descompensado y resulta abrumador mantener un mínimo de cordura.

Estamos asfixiados, estamos infoxicados.

¿Hay solución? Pues sí. Evidentemente no volveremos a vivir como en 1995 pero sí podemos tomar conciencia de la situación para limitar nuestro acceso a informaciones, todo pasa por la disciplina y soltar automatismos.

Dejar el teléfono a cierta hora y no tocarlo nada más despertar, acceder a noticias o periódicos una vez al día, bloquear el acceso a redes sociales, incluso dejar de compartir ciertas cosas que puedan alterar el ánimo de otras personas gratuitamente, son sólo pequeñas acciones que pueden acercaros a un bienestar emocional equilibrado.

Y no, esto no va de falta de empatía o desentendimiento, va de tomar conciencia de cuánto nos altera el ánimo todo lo que consumimos en 24 horas del día.

Cuestión de Tiempo
La parte más personal de Protea Estudio, casi como recibir una carta en tu buzón.