Unas vacaciones de verano, la Riviera Francesa y Cary Grant ¿Podría ser mejor? Pues sí, Alfred Hitchcock, Grace Kelly y los años 50. Atrapa a un ladrón cuenta con todo lo necesario para hacerte pasar uno de los mejores momentos del verano.
Si hace unos días reivindicaba la tranquilidad durante las vacaciones creo que podría y debería hacer una excepción a mi máxima si las vacaciones cumplen una serie de requisitos. Optar por la tranquilidad sería lo más parecido a tirar mi vida por la borda cuando las vacaciones lleven aparejadas estas premisas: ser una rica heredera, recorrer en descapotable la Costa Azul con Cary Grant y encontrarme envuelta en una serie de robos, no de cualquier cosa, no, de joyas (de las que ahora son plena actualidad).
Las mencionadas cuestiones son las premisas sobre las que Alfred Hitchcock construye Atrapa a un ladrón, una de sus obras más reconocidas y recordadas por el público.



La rica heredera es Frances Stevens, interpretada por Grace Kelly y Cary Grant es una ladrón retirado al que quieren endosarle una serie de robos que se están produciendo en la Costa Azul durante el periodo de verano. Ambos, además de llevarnos de ruta por carreteras y casas de ensueño, se embarcan en descubrir al auténtico ladrón que se hace pasar por John Robie, el gato.
Hoteles de lujo, clubs de playa, restaurantes a pies del Mediterráneo, vistas aéreas que sospecho serían toda una novedad en su momento y fiestas de disfraces. A lo que se suma la estética de los años 50, tan elegante, refinada y exquisita. Estética que nos hace embelesarnos con los estilismos de los protagonistas, los coches, el ambiente de la calle o del mercado. Cualquier toma pasaría el corte del más severo de los estetas.
Este ambiente refinado y bucólico francés es la base sobre la que se asienta una historia de intriga, traiciones y secretos al más puro estilo Hitchcock en la que predominan las miradas cómplices, las sospechosas, las persecuciones y conspiraciones que hacen que no pierdas ni un minuto de atención.


Atrapa a un ladrón es una película redonda, donde todo encaja, donde nada chirría. Bueno, habría que reconocer que quizás hay algunas acciones, como siempre pasa, que no han envejecido del todo bien pero no dejan de ser algo anecdótico que no empañan el gran placer que supone ver esta película.
¿Encontrarás al director en Atrapa a un ladrón este verano?



